Después de los sueños

 A la memoria de mi hijo Fernando

 Pasado el medio día
 lo elemental dobla las hojas
 y los templos entran en la penumbra
 de los ciegos.
 El corazón muralla viva, asilo
 del tormento se alista en ese
 cotidiano esperar y sólo escucha
 la soledad del viento.
 El ruido es lento y descienden
 los silbos de un tren imaginario
 que va lejos sin carga
 ni pasajero a bordo.
 ¿En dónde queda el cielo
 cuando los sueños suben o dan su orilla
 para llegar más alto a quien quiso
 dormir con las estrellas?
 Los que llegan nada preguntan
 miran las puertas y los patios
 y escuchan el gotear del techo
 que inconsulto acogió la lluvia
 mientras los sueños -anclaje
 mar de leva- me guardan
 cuanto dice a mi alma este fluir
 amargo, este nada decir que sigue
 mar adentro.

El sueño

Jorge Luis Borges

Si el sueño fuera (como dicen) una
tregua, un puro reposo de la mente,
¿por qué, si te despiertan bruscamente,
sientes que te han robado una fortuna?

¿Por qué es tan triste madrugar? La hora
nos despoja de un don inconcebible,
tan íntimo que sólo es traducible
en un sopor que la vigilia dora

de sueños, que bien pueden ser reflejos
truncos de los tesoros de la sombra,
de un orbe intemporal que no se nombra

y que el día deforma en sus espejos.
¿Quién serás esta noche en el oscuro
sueño, del otro lado de su muro?