Editorial

El poder según El Capital

“El capital es un poder sobre el trabajo”

 

 

Dice Marx en El Capital. Pero ese poder adquiere variadas formas, y así como en la antigüedad de las civilizaciones agrarias, el poder sobre el trabajo se convertía en servidumbre y esclavitud, y los siervos y esclavos, además de sembrar y cosechar, tenían que construir grandes pirámides, grandes palacios, coliseos y con los romanos grandes puentes y acueductos, y de adehala pelear las guerras de conquista o de defensa de reinos e imperios, en la modernidad de la civilización industrial se multiplican mucho más las formas de ejercicio del poder.

Después de Bentham, teórico del poder burgués que precede a Smith como teórico de la economía política del capitalismo, es Carlos Marx quien describe, en El Capital, los diversos mecanismos positivos del poder, porque no existe un solo poder, representado en El Estado, como superestructura jurídica, sino múltiples formas en las que el poder se ejerce directa o indirectamente sobre todas las sociedades hoy existentes.

Leemos en El Capital sobre diferentes tipos de sujeción y dominación que se escalan entre el taller, la fábrica, las fuerzas represivas de ejército y policía que obedecen al Estado y a los jueces; otra forma muy importante es la propiedad sobre la tierra, que genera servidumbre en el campesino, la propiedad sobre las máquinas que genera sujeción n los obreros, y también el poder se relaciona con la burocracia jerarquizada, modelo de dominación del Estado por la burguesía o como  modelo que genera burguesía, tal como sucedió en la Unión Soviética y sigue sucediendo en China comunista, con una fórmula que repite la del fascismo: mercado libre y partido único, que hoy parece querer copiar la Cuba socialista. Son formas locales, concretas de poder con modos de funcionamiento específico con una determinada configuración técnica.

La sociedad no está configurada como una totalidad y no se tiene de ella una sola representación o determinación imaginaria con un poder único que se ejerza en su nombre. Son muchos los poderes que se alternan, combinan y a veces se oponen entre sí y por ello no es posible considerar el poder sólo como una superestructura a partir de lo económico y jurídico.

Marx, por ejemplo, demuestra que el poder de hecho que se ejerce en el taller sobre los obreros, o el de un capataz o mayordomo sobre los peones de una finca, es relativamente autónomo respecto del poder jurídico que se ejerce sobre la ciudadanía en general de la sociedad. Existe entonces una especie de confederación de zonas de poder con variadas formas de dominación, sujeción o esclavización que se manifiestan directa o veladamente.

No son simples derivaciones o variaciones de un poder central como nos lo presentan, por ejemplo, Rousseau o Hobbes, sino que en Marx aparecen, al contrario, poderes generadores de diferentes tipos de Estado y a los cuales son ellos los que les dan su sentido, que no es necesariamente el de sistemas de prohibiciones y deberes, sino el de sistemas de producción, diversificada pero eficiente. Marx por eso le dedica tiempo y espacio a la disciplina militar, como también hace Freud en su Psicología de las masas y análisis del yo, considerando el ejército como una masa particular especial; la disciplina por lo tanto no es sólo prohibir y castigar sino producir eficiencia y eso mismo se ha traslado a la fábrica y a la agricultura industrial. Y hay que decir que hoy es algo que también copian muchas instituciones tanto estatales como privadas. La academia por ejemplo ha ido adquiriendo esa forma militar de disciplina jerarquizada, y en gran parte cronometrada, en la cual la división del trabajo llega a tener tanta importancia como en la industria, el gobierno y el agro. División del trabajo que es la esencia en el pensamiento de Marx de la sucesiva aparición de disciplinas en el taller y la fábrica y por lo tanto como forma de poder del Estado.

Y Marx tampoco deja de lado sino por el contrario subraya la importancia del desarrollo de la técnica como fuente de poder, e incluso se puede hablar siguiéndolo a él de la tecnología del poder, cuyo esquema se encuentra en El Capital, nueva razón para no considerar sólo el aspecto jurídico del poder sino el tecnológico y siguiendo a Freud el aspecto libidinal del poder.

Los marxistas se equivocan cuando reinscriben a Marx en la ideología burguesa y roussoniana al considerar el poder como una superestructura económica y jurídica dependiente únicamente de la configuración del aparato del Estado.

Nuestra revista sigue los pasos de Marx al continuar develando todas las formas locales, regionales, geográficas, institucionales, sexuales, en las que se diversifica el poder al servicio del capitalismo y de la dominación globalizada de la población para mayor eficacia de su funcionamiento y también de su poder de empobrecimiento y destrucción de la naturaleza que promete cataclismos peores que las grandes guerras del pasado.

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