MEMORIA DEL AGUA

MEMORIA DEL AGUA
Por Manuel Guzmán-Hennessey*

Tomado de: http://revistas.cecar.edu.co/perspectiva No. 31
Director Antonio Mora Vélez.

“El agua es diferente, no tiene dirección sino hermosura, corre por cada
sueño de color, toma lecciones claras de la Tierra, y en esos menesteres
elabora los deberes intactos de la espuma”: Pablo Neruda

Me llama el poeta Hereyra, para decirme que a la Sierra
Nevada de Santa Marta ha retornado milagrosamente la
nieve. Subraya la palabra milagro y agrega su exaltación
cotidiana de la vida, que tal es el oficio del poeta.
Más tarde, me envía la fotografía, tomada desde
Palomino por el guía turístico Ronald Blanco, quien
escribió en su Facebook: “Así queda la Sierra después de
tres días de lluvia. El huracán Matthew sintió el llamado de la montaña que
necesitaba el agua y he aquí lo que Dios trae a la vida”.

El día que retornó la nieve a la Sierra Nevada de Santa Marta, Colombia
empezaba, quizás, la fase final de un largo ciclo caos-orden que la llevaría, ojalá
antes de que este artículo salga publicado, a la recuperación vital de su
esperanza. Y, como nunca es más oscuro que un minuto antes del amanecer, el
martes 4 de octubre (día en que Blanco tomó la fotografía) amaneció cerrado el
cielo de Colombia, como un túnel siniestro. Algunos comentaristas señalaron
que probablemente habíamos empezado a debatirnos entre los más negros
presagios y una incierta esperanza, sobre nuestro común futuro de nación. Hoy
es 14 de octubre.

Ya va aclarando el cielo.

Pongo el canon de Pachelbel en la interpretación de sir Neville Mariner, para
escribir lo que voy a escribir. En la mitología de los pueblos arhuacos se dice que
la vida tuvo su origen en los glaciares de la Sierra. De la vida descienden la
sabiduría y el amor, la cohesión entre los seres humanos y por ende las leyes. Las
cumbres nevadas son consideradas guardianas del honor y de la dignidad entre
los seres humanos y la naturaleza. Equilibrio superior de un microcosmos que
halla su correlato en el macrocosmos.

Pero, un informe sobre la proyección del retroceso de los glaciares en Colombia
–del Instituto de Hidrología, Meteorología y Estudios Ambientales de Colombia
(IDEAM) y la Universidad Nacional (UN)–, señala que en la Sierra Nevada de Santa
Marta anualmente se pierde el 1,3% de su casquete de hielo. Y la Fundación Pro
Sierra Nevada ha advertido que se ha acelerado el descongelamiento de los
nevados, señalando que en 2040 es posible que “ya no existan”. Este es el
ecosistema de montaña costera más alto del mundo. Situado a tan sólo 42
kilómetros de la costa del Mar Caribe, se empina vigorosamente sobre el
continente hasta una altura de 5.775 metros. La Sierra cubre una superficie total
de 17.000 kilómetros cuadrados, correspondientes a los departamentos del
Magdalena, Cesar y La Guajira.

Hereyra es persistente y, compenetrado como está con la naturaleza, no es
ajeno al problema de la Ciénaga Grande de Santa Marta, que Sandra Vilardy ha
venido denunciando con rigor científico. Se trata, sencillamente, de personas que
han venido robándose el territorio. Pero Hereyra me ha dicho que la Ciénaga es
más sabia y que en su desbordamiento –aparentemente causado por las lluvias–
lo que ha de leerse es la ocupación natural de sus terrenos recobrados, es decir, la
fuerza de la vida se impone aquí sobre el saqueo criminal de los usurpadores.
Pensando en todo esto, recordé que tanto en la recuperación aparentemente
milagrosa de la Sierra Nevada –causada ‘aparentemente’ por el huracán
Matthew– y la recuperación de los terrenos de la Ciénaga Grande –causada
‘aparentemente, por unas lluvias intensas– lo que se pone de presente es la
memoria de la vida, que se expresa en la memoria del agua. La memoria de la
montaña y la memoria de la Ciénaga.

La hipótesis de los campos morfogenéticos, formulada por Rupert Sheldrake,
así parece confirmarlo. Según esta hipótesis, también llamada de la causación
formativa, el comportamiento y la evolución de los sistemas físicos está
relacionado con una especie de memoria genética que acumula la información de
vida que tuvieron esos mismos sistemas en una época pasada. Los sistemas se
organizan del mismo modo que, en el pasado, se organizaron sistemas similares.
Las moléculas de un determinado compuesto químico, por ejemplo, anota
Sheldrake, cristalizan según una determinada pauta en virtud de que esa misma
sustancia cristalizó así en el pasado. Una planta asume la forma característica de
su especie debido a que los miembros de esa especie en el pasado asumieron esa
misma forma. Un animal actúa instintivamente de un determinado modo porque
animales similares se comportaron antes de esta mima manera.
La teoría de la resonancia mórfica, también conocida como la Teoría M o la
hipótesis morfogenética, explica Sheldrake, es un principio de memoria en la
naturaleza.

Todo lo similar –dentro de un sistema autoorganizado– será influido por todo lo
que ha sucedido en el pasado, y todo lo que suceda en el futuro –en un sistema
similar– será influido por lo que sucede en el presente. Se trata de una memoria
en la naturaleza (de la vida) basada en la similitud, y se aplica tanto a átomos
como a moléculas, cristales, organismos vivos, animales, plantas, cerebros,
sociedades y, también, a planetas y galaxias, ecosistemas específicos y reductos
de tierra, mar o aire.

Así que es, al mismo tiempo, un principio de memoria y una explicación ‘del
hábito y la costumbre’ en la naturaleza. Que se explica desde una visión
modificada del materialismo, que postulan tanto la física mecánica clásica como
la filosofía positivista lógica. Según estas disciplinas, la materia es lo único real,
de manera que todo lo que existe depende de la materia. Pero la física cuántica
descubrió que la materia no se comporta como una entidad mecánica o
predecible, sino que adquiere las formas y las contingencias del azar de acuerdo
con la necesidad que tienen las partículas de adaptarse a nuevos ambientes,
donde estas partículas pueden ser incluso formas de energías, ondas o bloques
rígidos, y todo esto de manera indistinta, simultánea o aleatoria.

La visión modificada del materialismo que postula Sheldrake, bien podría
darnos algunas pistas para entender el fenómeno de la recuperación súbita y
‘milagrosa’ de la Sierra Nevada de Santa Marta, o de la Ciénaga Grande de Santa
Marta. Pero, también de los casquetes polares árticos o algunos ecosistemas de
tundras o permafrost cuya recuperación, pese a los datos del calentamiento
global, suelen desconcertar a los centros de investigación científica del mundo
que hacen seguimiento al cambio climático global.

Lo que introduce la hipótesis de la causación formativa en el contexto de un
nuevo materialismo, donde la materia no se comporta de manera predecible y
mecánica, es la idea de que el Universo está realmente compuesto de materia y
energía eternas o de origen desconocido, que trasciende quizás el momento del
Big Bang o de los famosos primeros tres segundos, durante los cuales se
desencadenó la sopa primigenia de los compuestos del carbono, para generar lo
que hoy somos como unidad cósmica diferenciada de las demás entidades que
componen el inasible e ignoto ¡Universo!, ahora puesto entre admirativas.
Sí, es muy probable que la explicación de la súbita nevada de la Sierra se
encuentre en el episodio del huracán Matthew, pero no nos resultará posible
soslayar una hipótesis más cercana de la poesía que de la física, si partimos de la
amenaza de la vida que ha demostrado más la física que la poesía, pero cuya
solución probablemente dependa más de esta última que de la primera. Esta
hipótesis bien se puede enunciar como la de la memoria del agua. Líquido
primordial que sostiene todas las formas de vidas y centro fundamental de la
amenaza climática.

Poetas como Hereyra y Octavio Paz, han tenido intuiciones similares a las del
científico Sheldrake para explicarse la memoria del agua. Octavio Paz escribió:
“Todo es presencia, todos los siglos son este Presente”. Hereyra dijo: “Vi a la
historia del hombre avanzar enceguecida a recobrar la inocencia mineral,
vegetal, animal, cósmica”.

Sheldrake sugiere que la naturaleza misma es memoria, que el espacio es una
especie de inmensa biblioteca que transmite la información que almacena la
repitencia de lo que es como si el libro de la vida nos revelara la noción de
totalidad en cada cosa, en cada espacio, en cada tiempo.
Y esta interconexión a distancia entre los miembros de un grupo, de una
especie, de un reino e incluso de un planeta –como sostiene Alejandro Martínez–,
llevada a cabo en diferentes niveles e intensidades, nos revela una nueva
concepción ética que abarca todas las manifestaciones de la existencia, para
defender mejor la vida que nos es común: las montañas, las ciénagas, el agua y el
aire enteros, el cielo, la alegría.

Recomiendo a quienes quieran profundizar sobre la hipótesis de la causación
formativa que lean el libro “De perros que saben que sus amos están de regreso a
casa” de Sheldrake, y que visiten su sitio web: www.sheldrake.com.

*Manuel Guzmán Hennessey es poeta, ensayista literario y científico, autor de numerosos libros
y de artículos en medios nacionales y extranjeros. Director de la Red Klimaforum Latinoamérica
Network. Profesor titular de la cátedra de Cambio Climático de la Universidad del Rosario, es
considerado una autoridad nacional e internacional en el tema.