La estética de Lukacs y sus contradictores

Psicoanalista Didacta de la Sociedad Colombiana de Psicoanálisis

Existieron debates e intercambios entre ellos y referencias cruzadas entre sus obras, y fundamentalmente sobre el tema relacionado con la estética, la sociedad, la modernidad y el realismo, defendido consistentemente por Lukacs, son interpretaciones diferentes, como debe ser entre pensadores innovadores y de alguna manera estudiosos del marxismo y la estética, temas que desarrollaron con originalidad y sin dogmatismo, llegando pese a sus diferencias a formular una especie de estética marxista no dogmática, combinada con el análisis crítico de la sociedad capitalista.

Lukacs y Brecht fueron además militantes, Adorno, en cambio no se inscribió como militante en el marxismo, esquivó la categoría de lucha de clases y no creía en el papel del proletariado. Fue uno de los fundadores y miembro activo del Institut fur Sozialforschung (Instituto de Investigación Social que se hizo célebre cono el círculo o Escuela de Frankfurt en el intervenían pensadores como Horkheimer, Walter Benjamin y Erich Fromm).

El dominio del fascismo en después de la primera guerra y el dominio del estalinismo desde los años 30 en la URSS y países dependientes de ella, planteó le necesidad de debate y revisión de la ortodoxia marxista en los temas culturales y artísticos. De la Escuela de Frankfurt salió una concepción plural del materialismo, liberada de las lecturas economicistas unilaterales. Sus pensadores tuvieron en cuenta no solo a Marx sino a Freud y a otros repertorios no marxistas, para abordar la problemática cultural.

Lukács más comprometido con la interpretación ideológica comunista   del arte, redujo en ocasiones las obras de arte a simples reflejos de intereses de clase. Estas posturas y sus ataques contra el modernismo fueron criticados por Brecht y Adorno, coherentes defensores de la experimentación moderna en el arte.

Los tres autores tenían en cuenta de Marx la teoría de la alienación por   el capitalismo de la creación artística, que así se vuelve equiparable a las producciones de mercancía. Pero los tres piensan que el arte es ajeno a la forma mercancía, y por el contrario cuestiona subversivamente la forma mercancía, algo en lo que Adorno es el que más insiste en su teorización. Y Lukacs, por su formación hegeliana, subraya los componentes necesarios de humanismo y de idealismo en una teoría marxista del arte. Así encuentra la relación entre producción cultural y desarrollo de la sociedad, haciendo observar en el arte la solución a la deshumanización de la sociedad capitalista, y coincide en esto con Freud que en El Malestar en la cultura afirma que el trabajo artístico o literario es lo único que nos libera completamente del malestar cultural. Adorno, por su parte, toma de Lukacs esta perspectiva metodológica que permite inscribir los problemas filosóficos en los problemas sociales, y Lukacs toma de Adorno la noción de que el marxismo no debe ser considerado como un conjunto de leyes mecánicas de la economía. Con su profundo conocimiento de la cultura burguesa Lukacs se aparta dialécticamente de una lectura economicista y puede denuncia el malestar, como Freud, en una cultura que se vuelve contra el sujeto, y apuesta, entonces, por la crítica ideológica que tenga consecuencias prácticas, como es la de evitar recurrir a la idealización de la intuición estética, como evasión de la realidad. Por otra parte Lukacs descubre en Moscú y estudia los originales de los Manuscritos Económico Filosóficos del joven Marx, que afianzan su posición sobre la estética como campo propio del marxismo y la estética de Lukacs queda marcada por las consecuencias de esa pertenencia. Era inevitable que su teoría estética se centrara en el realismo, que diferencia críticamente del naturalismo de Zola y otros novelistas de finales del siglo XIX. Según Lukacs la literatura realista, inventa las vidas de personajes individuales y las entreteje en una narrativa amplia, que se mueve con la dinámica histórica de la sociedad, el individuo se sitúa   un contexto que determina su destino. De esta concepción nace la crítica del modernismo que emprende Lukacs, quien considera que el modernismo se mueve dentro de abstracciones en las que el individuo queda escindido de la interacción social. Brecht y Adorno no comparten esa crítica que consideraron dogmática y unidireccional, para contradecirla, Adorno recurre a Joyce, afirmando que su obra demuestra la totalidad en lo accidental de lo particular, lo particular es un aspecto de la totalidad del hombre cuya esencia es histórica.

En el realismo Lukacs integra la vida cotidiana en esa totalidad histórica y social, acentúa la crítica del modernismo que, según su criterio es estático y limitante de la acción individual de los hombres. Y Adorno junto con Brecht critica la crítica de Lukacs y extiende su crítica a la teoría del reflejo en el arte, que Lukacs incorporó a su estética como consecuencia de del gran acercamiento con el marxismo determinista. Es una teoría estética que valora el arte y la literatura según la capacidad de reflejar la realidad. Brecht le señala a Lukacs que si bien la capacidad del arte forma parte de las fuerzas productivas pero no específicamente como una superestructura. Para Adorno, a su turno, el valor del arte está más allá de las condiciones de clase. Para Brecht la teoría de Lukács sobre el realismo, conduce a un conjunto de reglas formales predeterminadas y propone ir más allá de las cuestiones formales en pos de una realidad contradictoria y plural, no tenía sentido oponer la vida real a la literatura. Adorno igualmente crítico de la noción de realismo de Lukacs, la veía como un compromiso con el realismo socialista, pero Lukács insiste en hacer del arte realista la expresión de una forma total de la sociedad, mientras que el arte moderno proponía la fragmentación. Y para Brecht el arte es sobre todo una crítica a la posibilidad del sentido cerrado, del arte no se podrían proponer definiciones claras y concisas. Por eso no comparte el realismo sensorial y menos el realismo narrativo, y combate la idea de Lukacs del arte como reflejo de una realidad social objetiva. Pero coincide con Lukacs en la concepción de la sociedad como construcción continuada, permanente y no como algo ya concluido e inalterable. Además para Brecht como para Lukacs hay un realismo combativo, que lucha contra las falsificaciones capitalistas, que ocultan su carácter opresivo y la existencia del arte sería de algún modo crítica social. Según Adorno, el arte no debe tener función, sino un movimiento inmanente que lo relaciona con la sociedad. Dentro de ese movimiento se da aquello que Adorno denomina “el núcleo subjetivo de lo malvado”, que permite la relación del arte con la idea de una sociedad más equilibrada sin la necesidad de pronunciar discursos moralistas. Tanto Adorno como Brecht se oponían a los condicionamientos que Lukács le imponía a su concepción del realismo, para ellos lo que importaría sería el hecho de estimular la superación del sí mismo como posibilidad humana. También los tres prestan atención al conocimiento científico y su empleo, y a la literatura que puede inducir a la acción política contra la imperfección humana. Adorno, en sus análisis estéticos y sociales, utiliza ideas de Freud además de las de Marx como una mirada crítica contra la apelación a una voluntad consciente y dominante, críticas extendidas a lo que llamó “sociedad totalmente administrada”. Dialécticamente el arte es parte de la realidad y mismo tiempo oposición a ella, y en tal contradicción subyace la correlación entre arte y realidad social. Pero de todas maneras el hecho fundamental son las relaciones dialécticas entre sujeto y objeto que sostienen los tres pensadores aunque Lukacs mantiene un ideal de obra de arte que incluye soluciones a conflictos sociales descritos o representados en la obra. Y Brecht y Adorno sostenían la capacidad del arte de plantear interrogantes ante la mirada del público, y así las técnicas modernistas desmontan la concepción dogmática sobre lo social y sus problemas. El doble carácter del arte: producto autónomo y hecho social, lo resaltan los tres pensadores. En el arte se puede expresar la alienación, pero para Brecht y Adorno no es por ser reflejo de la realidad como para Lukacs sino por su carácter de crítica artística de esa realidad, tanto en lo social objetivo como en lo individual subjetivo.   

Lukacs, en su Estética (1955), plantea que el capitalismo es hostil a la cultura al arte y por lo tanto el arte va más allá de lo estrictamente estético y se convierte en especialidad con función de mostrar las relaciones sociales como productos de las relaciones humanas. Concilia así realismo socialista con la crítica a la burocratización del arte y también lo concilia con la investigación del modo en que la estética se relaciona con los fenómenos de la sociedad y encuentra los fundamentos de este comportamiento combinando lo lógico y lo histórico en permanente evolución.

El reflejo artístico en la teoría estética de Lukacs tiene las categorías de lo universal, lo particular y lo singular, gracias la potencialidad de crear imágenes de la realidad, donde se da la escisión entre lo universal y lo singular, pero generando para el espectador una unidad inmediata e inescindible, producto de relaciones dialécticas, no de imitación, entre la obra y la realidad.

Cuando estalló la siniestra verdad sobre Stalin, Lukacs se ilusionó con la posibilidad de recuperación de la teoría marxista y su contenido revolucionario, y se pone de acuerdo con Brech y Adorno sosteniendo que el arte desarrolla sus propios modos de expresar los problemas sociales más allá de lo formal, aunque siguió oponiéndose a las formas sin contenido del modernismo, que no plantean problemas concretos en lo político, y Adorno siguió criticando como prejuicio pre-estético la idea de Lukacs de anteponer el contenido a la forma, y Brecht también sostuvo que forma y contenido no pueden ser comprendidos separadamente porque la forma no se produce como lo externo frente al contenido. Pero Lukacs insiste en el arte como realista porque refleja la realidad y plantea problemas de la vida misma, su realismo es del estilo sino de la actitud frente a la realidad. Aprovecha una entrevista para afirmar que el realismo socialista se vio reducido a naturalismo burocrático, pero que eso no justifica el desprecio de todo el realismo porque con distintos medios de expresión, los lazos con la realidad siguen expresándose en el gran arte y se reafirma también en la sustentación de la imposibilidad de un arte apolítico porque, para él, es inevitable que el artista tome posición. Además, sostiene en contra de Adorno y la supuesta libertad total del arte, que por su condición dentro del ordenamiento social el arte no puede ser absolutamente libre y está sujeto a los problemas y disposiciones de ese ordenamiento pero sin que estas operen por decretos o prohibiciones sino a través del nivel ideológico general. .

En resumen Lukacs, Brecht y Adorno son pensadores que se relacionaron con el marxismo como instrumento crítico de esencia dialéctica, alejado del sectarismo dogmático y que lucha por una transformación de la sociedad alienada del capitalismo. Los tres ven en el arte y la literatura su potencial transformador que permite imaginar un mundo distinto.   

Para terminar hay que mencionar que en sus últimos trabajos Lukacs se ocupó de la ética de la escritura con amplias referencias al disidente Alexander Solyenitsin, referencias que contienen la crítica al llamado socialismo realmente existente, subrayando los problemas del culto de la personalidad, del sistema burocrático y del sistema concentracionario. Elogia las novelas de Solyenitsin por la “demostración de lo humano” y como “descripción verídica de los decenios estalinistas en toda su inhumanidad”. Este caso particular le permite afirmar: “Sin revelar el pasado no hay, pues, ningún descubrimiento del presente”. El arte, afirma, debe ser la memoria de la humanidad de una manera profunda. Y un tiempo después vuelve a ocuparse de Solyenitsin por la novela El primer círculo del infierno que aprecia como “un punto cumbre en la literatura mundial contemporánea”. Obra cuya significación radicaría en la presentación de una “imagen más clara del ser social, que la que este puede evocar en forma inmediata”. Pero en verdad desde sus primeros escritos consideró las novelas como representación de “un estado social dado, una etapa evolutiva, una tendencia evolutiva en la dirección del ser humano, del devenir humano, producen sobre la orientación hacia la deshumanización, hacia la alienación del hombre respecto de sí mismo”.  Y en la Teoría de la novela Lukács reconoce en Tolstoi y Dostoievski la anticipación de un nuevo realismo, necesario para la evolución de la humanidad.

Bibliografía

Adorno, T. Teoría estética, Akal, 2004, España.

Brecht, B. “Formalismo y realismo” en El compromiso en el arte y la literatura, Ediciones Península, 1984, España.

Lukacs, G. “Realismo: ¿Experiencia socialista o naturalismo burocrático?” en Realismo: ¿mito, doctrina o tendencia histórica? , Tiempo Contemporáneo, 1969, Argentina.

Lukacs, G. Historia y Conciencia de Clase, Editora Nacional, 2004, España.